18 jun. 2011

Tanto amor en un cuerpo tan pequeño

Cuando conocí a Arigato no sabía nada de gatos. Y yo creo que él tampoco sabía nada de humanos.
Me lo encontré una noche en el lote vacío de al lado de mi casa, era pequeñito,  despeinado y muy llorón.
Cuando lo vi pensé, este necesita compañía tanto como yo.
Y desde entonces somos inseparables, es el mejor antídoto contra la soledad.
Todos los días le doy las gracias por existir, cada vez que le digo Arigato!





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