7 feb. 2013

Reconexión



Después de unas semanas de silencio por estos lados, retomo el ritmo con esta entrada. Seguramente a muchos les ha pasado como a mí, que necesitan un espacio para acumular energía. Pues bien, tuve mi tiempo de recarga y lo cerré con el viaje  a la montaña en Chile que anuncié por aquí. Fueron 8 días sin teléfono, televisión, internet, carne o gaseosas. Durante este tiempo conviví con la naturaleza, con desconocidos de varias partes del mundo, con mi amiga de toda la vida y conmigo misma. Y fue una experiencia tan positiva que quería compartir algunas de las cosas que aprendí.

Lo que no fluye se estanca y contamina, fluir te mantiene puro. Qué mejor maestro de esto que el río. Todas las mañanas me sentaba un rato a mirarlo, a ver con qué fuerza iba pasando y como en partes donde se empozaba se volvía cementerio de insectos y hojas secas.

No hace falta ser demasiado fuerte o grande, si eres flexible sobrevivirás todo el invierno. Hay en la montaña un arbolito, con aire a bambú, que  utilizan para todo, construyen casas con él. Pues bien, es de apariencia frágil, delgadito, pero me contaban que en invierno, cuando todo estaba desierto él permanece firme, todo porque sabe moverse con el viento.

Cuando tomas distancia todo se ve lejano y pequeño. Algunas veces  estás tan metido en medio de una situación, la tienes tan cerca que la ves enorme casi aplastante. Pero con la distancia adecuada, descubres que realmente nada es tan importante.

Sólo atacas  lo que consideras una amenaza. En esta montaña no se siente miedo, hay más posibilidades de que me pique una hormiga acá en mi casa de Bogotá que allá. Todos los que la habitan se tratan con respeto y consideración, por lo tanto no existe la necesidad de dañar al otro.

La única realidad es la que experimentas. Te pueden decir tantas cosas, te puedes decir tantas cosas… te limitas a vivir a través de la experiencia de los demás o de tus propias percepciones. Sólo es real la experiencia que vives en el presente. No juzgues, más bien vive.