Como empezó todo


La historia es bastante sencilla .Me llamo Marcela Salazar, nací en Cali, Colombia pero actualmente vivo en Bogotá.
Me cuesta un poco  definir quién soy, porque nada en mí es definitivo, siento que estoy en constante formación/transformación.
Nunca he planeado nada a largo plazo y mis metas son poco rígidas, digamos que soy bastante flexible y creo en eso de que todo fluye.
Con esta filosofía, me gradué como comunicadora social, hice una maestría en literatura, un diplomado en psicología analítica y un técnico en diseño gráfico.




Yo sé que no he seguido un camino recto, pero nunca me he desviado. Lo más interesante es que todo lo que he hecho en la vida me ha llevado hacia mi interior: el proyecto DivaRosa.

DivaRosa: Mi yo al revés
Seguramente, muchos de mis contemporáneos me entenderán… viví mi adolescencia en plenos años 90. Crecí bajo la influencia del grunge .

Eso quiere decir que en ese momento, para mí, ser  bonita no tenía nada que ver con tacones ni maquillaje, no. La estética grunge es la dejadez, la camisa de leñador, las botas militares, el pelo enredado, la cara lavada. Esto lo digo, desde mi mirada, en ningún momento pretendo dar aquí  ninguna definición académica o algo así.


Ya se imaginarán la frustración de mi mamá cada vez que me veía salir desarreglada. Obviamente esta era una estética que los adultos no entendían, pero yo me sentía feliz. Y como buena adolescente defendí mi estilo con pasión.
Además del grunge viví el existencialismo 
en extremo y veía las cosas profundas, densas. Fue una época divertida, a pesar de que me tomaba la vida demasiado en serio. 
Federico  Nietzche
Pero había dejado en la sombra  mi lado rosa.

Este sólo salía cuando dibujaba, siempre, siempre que rayaba un papel de manera inconsciente (como cuando uno raya al final del cuaderno en mitad de clase, o un papelito mientras habla por teléfono) salía un personajito de ojos grandes, con moños y rosas.

A medida que fui creciendo, este personaje se fue definiendo cada vez más. La pintaba con  abrigos de piel, gafas extra grandes… y poco a poco fue adquiriendo una manera de pensar, de ver el mundo.
Su nombre, DivaRosa, lo soñé.
DivaRosa me permitió alivianarme y me enseñó a disfrutar las frivolidades de la vida, a gozarme mi feminidad, a creer en la bondad del mundo y a dejar los prejuicios y las etiquetas, que lo único que hacen en la vida es limitar.
Ahora ella ya no vive en la sombra, está presente cada momento de mi vida y quiero compartirla para contagiar su espíritu rosa.
Si quieres ver más del estilo grunge visita la publicación  nostalgia adolescente.